
Primera guerra Mundial, su fin fue esta semana. Lector, al ver el título de este artículo pensará y se dirá para sí mismo: la Gran Guerra terminó en 1918. A lo que yo le contestaré que en gran parte es verdad, aunque no fue así para Alemania. Esto se debe a que, mediante el Tratado de Versalles, firmado en 1919, el país europeo fue obligado a abonar la gran suma de 269 mil millones de marcos oro en concepto de los destrozos provocados durante 1914 y 1918.
Al no poder afrontar dichos gastos, Alemania debió solicitar un préstamo de dinero, cuya última cuota de alrededor de 100 millones de dólares (poco más de 74 millones de euros) será abonada el domingo próximo. Acerca de ello, Gerd Krumeich, historiador alemán, puntualizó que “financieramente, la importancia (del pago) no es grande, pero clausura definitivamente un capítulo que no sabíamos que estaba todavía abierto”.
Pero la impresionante deuda que contrajo Alemania tras la Primera Guerra Mundial pudo haber causado consecuencias mucho menos impensadas y más impactantes que la devastación monetaria de la nación. Según Krumeich, fue tomada como herramienta del Nazismo al manifestar que el Tratado de Versalles no era justo, hecho que fue avalado rápidamente por la población. En ese sentido, el historiador acotó que “la Primera Guerra Mundial y Versalles ayudaron a dar credibilidad a los nazis”.
Lo que pasó después es historia conocida y, teniendo en cuenta los documentos existentes sobre la época, han sido muchas las causas que llevaron a los alemanes a apoyar a Adolf Hitler en su maquiavela causa patriótica y de expansión mundial. Sin embargo, si queremos sacar alguna conclusión de todo esto sería que la historia la escriben los vencedores; la chequera, los perdedores.