
A lo largo de la historia se han intentado simular a seres vivos partiendo de objetos inanimados, como robots, juquetes, maniquíes… La industria del cine es una de las que más se las ha tenido que ver con este tipo de retos, con unos resultados muy dispares. También el mundo de los videojuegos, para realizar personajes que aparenten “vida” en 3D, ha sido una de las industrias que más ha invertido en diseños que simulen humanidad de los rostros.
Y es que el rostro humano es una de las claves para aparentar vida en algo inanimado (ya sea un maniquí o un simple diseño por computadora). Respecto a esto último, el rostro es uno de los más problemáticos (y de los que más trabajo requieren) en el desarrollo de figuras en tres dimensiones. ![]()

Ahora, un nuevo estudio publicado en Psychological Science, un magazine de la Asociación de Ciencia Psicológica, concluye que, para que una cara tenga apariencia de “estar viva” la clave está en los ojos, y que es ahí donde nos fijamos principalmente para diferenciar algo “vivo”.
Realmente, el ser humano puede ver caras por todos lados (puede ver caras en la Luna, en las nubes o caras que forman las gotas de lluvia sobre los cristales, por poner sólo algunos ejemplos), pero de ver caras a percibir que estén vivas las distancias son enormes.
El estudio ha realizado diferentes trabajos de campo, como entrevistas y visitas a comercios donde se venden muñecas para tratar de encontrar las que a la gente les parecían las más “realistas” y humanas, y han encontrado un punto común de inflexión: los ojos son el rasgo más importante para determinar si algo tiene vida. Y es que la gente examina principalmente esa parte de la cara, que es la puerta, dicen los expertos del estudio, para establecer “una conexión con los demás”.





